SERVANDO SILVESTRE ( LA GENIALIDAD CONTINÚA EN EL ANONIMATO)
PRIMER ESTUDIO
Este es un espacio dedicado a recuperar la memoria de una gran persona y personaje destacado de la cultura del siglo XX.
Persona antes que nada. Este ser humano maravilloso es: Servando Silvestre.
Servando Silvestre se sospecha que nació en Coronel Bogado, provincia de Santa Fe, República Argentina.
Poco se sabe de su infancia, numerosos estudiosos de su obra literaria, puesto que ha sido poeta, agricultor, príncipe provincial de la papa y martillero público, entre otras cosas. Decía, que los eruditos de la época, y también posteriores, hicieron algunos acercamientos sobre la fecha de su llegada al mundo.
Entre los más acertados, según un informe de la comuna de Bogado, existe un registro de un tal " Servand Sylvester" nacido en Gales en 1902, y que figura como uno de los primeros sajones que emigraron a las por entonces tierras ricas del sur, al finalizar la primera guerra mundial.
Su actividad como agricultor, le da la posibilidad en el año 1928 de ser capataz de la estancia "La soñada". Es ahí, que su vida dará un giro radical. Servando Silvestre o Servand Sylvester será uno de los personajes más influyentes dentro de las vanguardias artísticas hispanoamericanas y europeas.
Descontento con su raíz británica y el trabajo forzoso de la finca, Servando decide estudiar lengua castellana en la ciudad balnearia de Mar del Plata, ciudad que lo recibió en el verano de 1931 tras ganar en la quiniela clandestina la suma de 237 pesos. Numerosos documentos fotográficos develan acercamientos a Victoria Ocampo. El matutino "La perla en la concha" afirma en un titular de la sección sociales: "Estudiante de Lengua arroja caracolas en la Residencia Ocampo".
Pero volvamos a "La Soñada". En este casco conocerá a Nicoletta Spotto, hija del terrateniente más conocido del sur santafesino. Don Giancarlo Spotto Gironassi, popularmente conocido con el apodo de "Don Giro".
(Este sobrenombre lo heredará más luego su hija, obviando el Don, y quedando en evidencias simplemente como "Giro" o "Yiro")
Servando entabla una relación más que amable con Nicoletta, que le abrirá al inacabado orbe de los libros. Ya por entonces, era más que sabido el problema de Servando. Solía no devolver nunca los volúmenes prestados a la biblioteca de la hija de Don Giro, que contaba con más de mil volúmenes, incluyendo la colección completa y extraña de Historia del Backgammon en el Río de la Plata.
Según los pueblerinos que conocieron las historias de Servando, dicen que los grandes clásicos de la literatura universal se leían en la kermesse del Gringo Servand, kermesse que según la leyenda, se organizaba todos los sábados por la tarde en el galpón de la Estancia. En esas fiestas agricoliterarias se servían pastelitos con membrillo, mate con yuyo, grapa y todo tipo de vituallas.
No faltaba la ocasión para que el profesor Von Michelott en los momentos del ágape, dedicara a explicar los trucos para engañar a un inglés en el juego del Backgammon.
Los contertulios y oyentes del gringo Servand, ocupados con la cosecha del trigo y hartos de las fábulas nórdicas y sajonas, optaron por dedicarse a nuevas prácticas como el juego clandestino, recién llegado de los burdeles y cabarutes de Buenos Aires. Estos nuevos progresos en el ocio y tiempo libre, acabaron con la tertulia del Gringo.
No obstante, y con tremenda competencia, Servando decide apoyar a los quinieleros, timberos de poca monta; así también como cafishos y malandras de toda clase.
Es por eso que recogemos en esta historia el testimonio de Mateo Argutti publicado en "La voz de la Chacra" en 1967.
"Yo conozco al Gringo, es un tipo muy culto ché, se dice que anda por Francia ahora, pero yo no sé. Me acuerdo que una noche me contó su teoría científica sobre la luz mala y la clara influencia de Balzac y Petrarca en dicho estudio. Yo no entendía nada, y le propuse que me juegue un numerito a la cabeza. (1)
El tipo estaba confundido. Agarró un broli y pasó sus hojas por mi nariz.
---Elegí ché, me dijo.
Y yo paré en la página 273 de "Tio Goriot". Un libro largo, creo que de ese tal Balzac.
----Ese. Me dijo.
----Mil guitas al 273, a la nacional claro.
Y yo acepté. Nunca más supe del gringo. ¿Andará por Francia ché? ".
Suponemos que ganó. Y de ahí su viaje a Mar del Plata, la que por entonces se llamaba en los circuitos más aristocráticos como "La perla del Atlántico".
(1) A la cabeza: Apostar todo el dinero a ese número.
lunes, 2 de abril de 2007
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